Vientos
Siempre he sospechado que el viento del que hablamos no existe. Conozco los mecanismos atmosféricos, meteorológicos, por los que el aire se mueve de unos lugares a otros. No me refiero a eso. Me refiero a que cuando alguien dice “levante” no está invocando los mecanismos de la física de los gases, sino un conjunto de sensaciones que esa procedencia del aire provoca en un lugar determinado, y a como las siente la persona que lo pronuncia. En último término, está hablando de sí mismo/a. Por eso es tan curioso observar como un habitante de la ciudad de Almería se resiste a llamar “levante” a este viento fresquito y húmedo de la costa de Níjar, mientras que en la ciudad de Almería es sumamente cálido y seco. Esta evidencia, y mi descubrimiento –tardío, como siempre- del origen de los nombres de los vientos mediterráneos intermedios (lebeche, siroco, grecal, mistral), me inspiraron este texto del calendario 2007, extractados a su vez de un inconcluso “Manual de navegación en tierra firme”. ...